Puedo sentirla. Puedo sentir ahora mismo su voz. Aunque quieran, no pueden silenciarla. Puedo sentirla. Puedo sentir su llanto. Puedo sentir sus quejas.
Su voz es casi un grito desesperado anhelando el despertar de quienes más ama. Su llanto es la verdad, es la condena que atraviesa por pretender ser libre. Sus quejas son como una mano tendida, es la confianza que aún brinda a las conciencias que la oprimen. Gestos de amor.
Puedo sentirla. Puedo sentir sus pasos. Luego de dar dos o tres vuelve a chocar contra los barrotes. Fríos. Grises. Duros. Quienes la encierran no comprenden. Cuanto más fuerte la atan más repulsión siente hacia ellos. Aún bajo sombras y pisadas, no deja de florecer.
Puedo sentirla, y ella a mí. Si construyen murallas entre nosotras, acabaremos con rasguños cada piedra.
Libertad o muerte.